

Observo con preocupación o que está a ocorrer no Tibet. Hei dicir na miña contra que non estiven moi ao tanto das noticias estes días, co cal non podo opinar moito do tema, mais inda así é de vergoña a brutal represión que está a exercer o goberno “comunista” da China. Ocupación militar, cargas policiais perante as protestas, censura, violencia, violación continuada e sistemática das libertades e dereitos humanos fundamentais na China. Ditadura. Isto é o pan de cada día de millóns e millóns de persoas.
Observo con preocupación e profunda vergoña a hipocresía de Occidente, dos Estados Unidos, da Unión Europea. Somos supostamente o mundo libre, os adaíles da liberdade e os dereitos humanos, que temos como piares fundamentais das nosas sociedades. Mais esta defensa dos dereitos humanos polos nosos gobernantes remata cando comeza o negocio, o comercio, o petróleo. Ruxe a dereita deste país se Zapatero recibe a Hugo Chávez (hoxe non toca comentario sobre este homiño), mais non escoito bradar aos seus altofalantes mediáticos cando o Rey viaxa a Arabia Saudí a visitar ao seu amigo rei deste país (porque son realmente amigos) e a toda a familia do monarca saudí, do monarca dunha cruel ditadura onde non se respetan os dereitos humanos, onde as máis mínimas liberdades das que nos gozamos son sistemáticamente negadas, onde millóns de persoas viven na pobreza mentres o seu rei pasa o verán en Marbella dilapidando 6 millóns de euros diarios en gastos suntuarios e para pasalo ben, onde existe a lapidación e se financiou mediante escuras redes (e seguro que algo persiste) o terrorismo extremista que se abeira no Islam para cometer os seus crimes. É clara o denuncia no Farenhei 9/11 de Michael Moore. Mais como estamos ante o primeiro produtor mundial de petróleo todos calan, como estamos ante o Estado coas maiores reservas mundiais de ouro negro no seu territorio todos calan, como estamos ante un piar moi importante para o funcionamiento da economía mundial todos calan.
Deuse a “casualidade” de que 15 dos 19 terroristas do 11-S eran de nacionalidade saudí. Non quero imaxinar o que tería ocorrido se foran iraquís. O 12 de setembro de 2001 xa estarían os avión yanquis bombardeando Bagdad. O dobre raseiro, a diferente vara de medir, a hipocrisía é absoluta, pois realmente ¿que diferenza existía entre Irak e Arabia Saudí no seu tratamento dos dereitos humanos e no carácter ditatorial do seu rexime? Pois ningunha gran diferenza de fondo, e si unha diferenza que se antolla clave para comprender toda esta historia: Arabia Sausita ten un rexime colaboracionista cos Estados Unidos, e Irak non o tiña.
Falabamos de China. Escoito no telexornal unha tímida reacción da UE e dos Estados Unidos perante o que está a pasar no Tibet. Mais sempre coa boca pequena, non vaia ser que se anoxe o dragón chinés e peche as súas fronteiras os produtos estadounidenses e europeos. E claro, un mercado de 1.300 millóns de persoas é moito mercado, e non se pode desaproveitar, e hai que ter contento ao gobernó chinés. E aínda que só 200 millóns tiveran realmente capacidade de compra (a China é un país cheo de desigualdades rexionais, nós pensamos que todo é Pekín e Shanghai, e as cousas non son así, pois as rexións campesiñas do interior chinés son tremendamente pobres e subdesenvolvidas), seguiría a ser un mercado moi grande que non se pode pasar por alto. E entón xa nos esquecemos da ocupación militar, das cargas policiais perante as protestas, da censura, da violencia, da ditadura da violación continuada e sistemática das libertades e dereitos humanos fundamentais na China. E o mesmo ocorre cos Xogos Olímpicos. Ninguén vai dicir. Ocupación militar no Tibet, cargas policiais perante as protestas, censura, violencia, violación continuada e sistemática das libertades e dereitos humanos fundamentais na China. E todos calan. Calan.
2 comentarios:
El tema es más complicado de lo que parece.
Mucha gente sólo conoce del Tibet detalles muy superficiales y propagandísticos que les llevan a ver la disputa entre la autoridad del Dalai Lama y la China comunista como una lucha del bien contra el mal. Luego, dado que el bando insurrecto es el débil obviamente, se ponen unas cuantas imágenes de represión y alguna que otra barbaridad y entonces el bando de los lamas, del Dalai Lama, parece estar hiperlegitimado frente a la dictadura comunista. Aceptando que esta desinformación o tendencia a lo romántico de la posición pro-tibetana no fuese el punto clave del rechazo ante la actitud china en estos momentos en en Tibet son necesarias consideraciones ulteriores acerca de la justicia.
¿Qué es justo? Dar a cada uno lo suyo. Pero... ¿qué es "lo suyo"? Para mí tal pregunta no tiene una respuesta dogmática, descriptiva, sino de otra índole. Lo justicia es el mayor grado de bienestar para el mayor número. En la ecuación del bienestar se pueden incluir más o menos cosas pero resulta bastante aceptable, creo, decir que un nivel de subsistencia básico es innegociable.
Dicho lo anterior resulta evidente que en el terreno de los conflictos políticos debe prevalecer la opción política que asegure de mejor forma el mayor bienestar para el mayor número. Salta a la vista de este criterio que el comunismo es injusto. Pero... también salta a la vista, teniendo en cuenta el criterio del mínimo de subsistencia como mínimo de utilidad o justicia apuntado, que el régimen que representa el Dalai Lama es aún peor que el comunista. Las razones para esto serían esas cosas que la propaganda del imperio norteamericano, que legítimamente busca instalar bases en un futuro amistoso Tibet independiente, y del mundo occidental en general ocultan al público: que el régimen lamaísta prohibía la rueda, prohibía la ingesta de carnes, recomendaba la exclusión de las personas ciegas por "endemoniadas" y una larga serie de irracionalidades teocráticas.
El Dalai Lama se quejaba recientemente de que las autoridades chinas hubiesen conectado por ferrocarril a China y Tibet. ¡Tantas ruedas debían importunarle! No, creo que resulta evidente que el lamaísmo tibetano, esa teocracia, es un grave enemigo del progreso de las gentes del Tibet y es por ello que en esta conflagración con los chinos difícilmente puede verse a los sacerdotes budistas (se veían imágenes en TV de éstos "santos" armados de palos y piedras golpeando escaparates...) como los representantes de ningún bando bondadoso. Son reaccionarios en el peor sentido de la palabra y al Tibet le conviene que sean reprimidos en sus querencias golpistas.
China por su parte sigue caminando hacia una reforma progresiva de sus instituciones y formas de actuar. Pensar que el comunismo debe caer un día determinado, en una asonada, es erróneo. El comunisco acabará agotándose por sí solo en la medida en que más y más chinos accedan a la propiedad. Una vez con dinero en los bolsillos la masa rugirá "Democracia": está cantado. La cuestión será en qué medida eso ocurrirá. ¿Subsistirán partes de China secesionadas que continuarán siendo comunistas? Creo que esta pregunta es lo que provoca que haya hoy día una China "a dos velocidades" con unos militares vigilando como halcones las reformas de Beijing. Puede llegar a ser dramático el definitivo cambio de la China comunista, no parece adecuado torpedearlo apoyando nada menos que a teócratas como los lamaístas.
El progreso de Tibet pasa por colaborar con China mucho más que encerrarse en sí mismo con la vuelta de un monarca absoluto. Esa es la triste realidad.
Reaparezco en el blog (aunque el término es incorrecto, ya que para reaparecer es preciso primero desaparecer, cosa que –prometo- no ha sucedido) ante la amenaza de “rescisión del contrato” recientemente proferida hacia mi persona, esperando humildemente que esta intervención “in extremis” sirva para ganar el perdón de mi bienquerido administrador y, por qué no decirlo, para seguir disfrutando de los privilegios de la relación obligacional que nos une todavía XDDDDD.
Realizada esta introducción, formalmente necesaria para dar paso a cosas más serias, es mi deseo transmitir al lector con este comentario las dos siguientes cosas.
Primero, creo hablar en nombre de Charlie (Carlinhos para quien lo prefiera) si digo que el blog se siente orgulloso de que un liberal de pura cepa (adjetivación que seguramente no le molesta) haya tenido la paciencia de ver pasar los meses de auténtica sequía intelectual que esta bitácora ha experimentado y, aún así, haber conservado el ánimo de seguir pendiente de las intermitentes publicaciones que llenan este libre lugar de opinión, como me gusta a mí llamarlo. Asimismo, y esta tal vez sea una reflexión más personal, resulta enriquecedor poder leer el razonamiento de una persona admirable en muchos aspectos, especialmente por el nivel intelectual que atesora nuestro compañero (por muy pocos alcanzable a una edad tan temprana) y por la soltura de su buena pluma. Con ella es capaz de plasmar con toda su intención, sin los tapujos que otros esgrimimos para disimular nuestra opinión, aquellos argumentos que quiere exponer. Por estos motivos le insto a que su palabra se presente más veces en los temas que irán construyendo, con mayor regularidad, el futuro de “O vestido azul”, y animo igualmente a aquéllos que por temor al rechazo o a una especie de miedo supersticioso todavía no hayan reflejado aquí su particular y seguramente bien defendible punto de vista.
Visto esto es momento de referirse en segundo término al asunto que es aquí tratado, pero desde una perspectiva un tanto más general. Quiero hablar en este espacio no tanto de la opresión fáctica o material que sacude al ser humano en los cinco continentes, sino de otro tipo de servidumbre menos familiar y sorprendentemente más común que la anterior, aunque igualmente devastadora. A pesar de que aparece bajo formas más discretas u ocultas, el resultado que produce es esencialmente el mismo, esto es, la supresión de la libertad de pensamiento de los individuos e incluso, en los casos más graves, la destrucción de su propia capacidad de raciocinio.
Esta última lacra, a la que no encuentro un nombre apropiado, bien puede seguir, aunque no sólo, el siguiente proceso (en la peor de las circunstancias posibles): en un comienzo el individuo, ya sea por hallarse satisfecho con el estado actual de las cosas o por ansiar un cambio en la situación de la sociedad, descuida el significado de las libertades que tiempo atrás se habían conquistado, literalmente, con sangre, sudor y lágrimas, lo que le hace vulnerable a que las mismas desaparezcan en sus narices sin darse cuenta; de modo coetáneo, los distintos grupos de poder asumen de una u otra forma la tarea de crear una suerte de estado de opinión único y, por supuesto, excluyente; finalmente, dándose las condiciones propicias, se produce el “colapso mental”, transformándose el individuo de hombre libre a feligrés, convirtiéndose en altavoz del modelo unitario predeterminado por las oligarquías o por la masa cautiva de éstas y, en consecuencia, proclamándose a sí mismo paladín de la nueva orden, la cual sólo podrá ser derrumbada nuevamente por el liderazgo de los espíritus más libres e incorruptibles de la sociedad. Esta mecánica de automutilación de las libertades encuentra ejemplos históricos sonados como son el advenimiento del comunismo en la URSS, el ascenso de Hitler en Alemania o la victoria de Fidel Castro en Cuba. Cada líder o movimiento, al propugnar el pensamiento único que consideraban correcto y al ser respaldados por las inquietas masas, causaron a sus pueblos el peor daño que pueden padecer tal y como la memoria de muchos reconoce.
En consecuencia, por el bienestar de todos es deber de cada ciudadano permanecer activo y en vigilia frente a cualquier indicio de perturbación de nuestras libertades que pretenda su menoscabo, informando, denunciando o aireando a los cuatro vientos el atropello que ellos o sus vecinos sufran ante la autoridad o, simplemente, por la afrenta de semejantes lo suficientemente ignorantes como para justificar su dictatorial actitud.
Pero igualmente cabe hablar de libertad no sólo cuando ésta se halla en peligro; podemos hacerlo sin que exista motivo alguno para ello, pues hablando de libertad también contribuimos a su protección, haciéndola más grande y duradera.
Concluyo llamando nuevamente a los cualificados lectores que atesora el blog a que intervengan de modo más dinámico en la discusión abierta aquí o en otros temas, para que la próxima vez que Charlie escriba Sobre la Libertad (así se titula por cierto una de las obras cumbre de John Stuart Mill) no tenga que sonrojarse porque “todos calan” y pueda exclamar “mais o final falaron!”.
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